Caminos
Creí estar yendo por el camino correcto, pero el sendero que me guiaba estaba interrumpido por una barrera inacabable. Estaba frente a una puerta de hierro, que cubría hasta la cabeza del hombre más alto. No recuerdo cómo fue que llegué ahí, estaba muy ensimismado en llegar y todo parecía estar en orden.
Pensé entonces en devolverme, pero me arrepentí. No quería recorrer de nuevo ese trayecto. Mejor sería tomar otro rumbo. No sabía siquiera dónde. Esto me pareció demasiado familiar. De hecho estar en ese lugar o no estarlo no cambiaba nada. Qué más da, la idea era sólo no quedarse detenido.
Me quejé una vez más de la situación. Entre cada pestañeo imaginaba la bella continuación al camino tras la muralla. Estuve de pie y en silencio un rato, esperando que llegara alguna ayuda desde mi mente o mi alrededor. Nada pasó.
Me acerqué a la puerta y miré a través de la rendija. Vi una figura humana a lo lejos. Grité un par de veces tan fuerte como pude y noté que la silueta se acercaba a mí.
Unos ojos taparon la abertura y oí una voz:
- ¿Qué pasa? ¿Quién es? -sonaba como un joven.
- Hola, soy un viajero. ¿Qué hay del otro lado?
- No le puedo decir, sólo puede enterarse quien esté acá.
- ¿Me ayudará a pasar, entonces? -pregunté esperanzado.
- No puedo dejarle pasar.
- ¿Por qué no?
- Llevo mucho tiempo aquí. Si usted entrara yo tendría que salir, porque sólo una persona puede estar y yo adoro este lugar.
- ¿Quién dice que tendría que salir?
- Al momento de entrar se entiende. Es mejor que se devuelva, en este momento el ocupante de este lugar soy yo y he dicho demasiado.
Entonces dejé mis cosas a un lado y me senté apoyado en la pared a esperar.
Pensé entonces en devolverme, pero me arrepentí. No quería recorrer de nuevo ese trayecto. Mejor sería tomar otro rumbo. No sabía siquiera dónde. Esto me pareció demasiado familiar. De hecho estar en ese lugar o no estarlo no cambiaba nada. Qué más da, la idea era sólo no quedarse detenido.
Me quejé una vez más de la situación. Entre cada pestañeo imaginaba la bella continuación al camino tras la muralla. Estuve de pie y en silencio un rato, esperando que llegara alguna ayuda desde mi mente o mi alrededor. Nada pasó.
Me acerqué a la puerta y miré a través de la rendija. Vi una figura humana a lo lejos. Grité un par de veces tan fuerte como pude y noté que la silueta se acercaba a mí.
Unos ojos taparon la abertura y oí una voz:
- ¿Qué pasa? ¿Quién es? -sonaba como un joven.
- Hola, soy un viajero. ¿Qué hay del otro lado?
- No le puedo decir, sólo puede enterarse quien esté acá.
- ¿Me ayudará a pasar, entonces? -pregunté esperanzado.
- No puedo dejarle pasar.
- ¿Por qué no?
- Llevo mucho tiempo aquí. Si usted entrara yo tendría que salir, porque sólo una persona puede estar y yo adoro este lugar.
- ¿Quién dice que tendría que salir?
- Al momento de entrar se entiende. Es mejor que se devuelva, en este momento el ocupante de este lugar soy yo y he dicho demasiado.
Entonces dejé mis cosas a un lado y me senté apoyado en la pared a esperar.
Comentarios
Publicar un comentario